Uno, dos, tres… ¡zombies!
Tripas, colorante para tortas y miel de caña; elementos suficientes para restaurar un paradigma, significar el avance o la sustitución de un modelo hacia otro totalmente novedoso. Hijos adoptivos de George Romero, los videoclubes barriales, el fanmade y los spaghetti zombies, los FARSA Producciones han gestado casi sin proponérselo, allá por el año 1997, en sus casas y con amigos, una de las películas que cambiarían la historia del cine de género en nuestro país, resonando con fuertes ecos en el resto del mundo: Plaga Zombie: ¡La venganza alienígena ha comenzado!, el primer largometraje conocido como zombie criollo. Y, a su vez, harían perpetua escuela bajo su metodología del fatto in casa tan emulada por el amateurismo vernáculo –ejemplos mostrados en este festival, sobran y sorprenden año tras años, edición tras edición- y por el mainstream venidero –sus esquemas de producción serían adaptados por buena parte de toda una nueva cultura de realizadores cinematográficos locales-.
A sólo 4 primaveras de aquella experiencia tan germinal como innovadora, ya con un dejo de profesionalización a cuestas, en lo que sería su tercer filme luego del slasher Nunca asistas a este tipo de fiestas y posteriormente a una buena cantidad de cortometrajes, estos visionarios de Haedo crearían Plaga Zombie: Zona Mutante, una secuela de esas mejores que sus antecesoras y con ella, ahora sí, darían el salto definitivo como referentes, siempre humildes, humanos y colaborativos, del fantaterror en toda la región.
Plaga Zombie significaría, así, el resultado de aquel desparpajo cinéfilo de un grupo de entusiastas devenidos en referente de época y sinónimos ineludibles de trasgresión. Como el tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos, los procesos de realización han ido mutando desde aquellas (otrora) primitivas cámaras VHS hasta llegar a esta (actual) espectacularidad visual digna de cualquier Clase A. Es que los FARSA, así como también el Festival Buenos Aires Rojo Sangre, han sabido transitar un camino –siempre progresivo, siempre hacia delante- en el que, ahora, los encuentra a ambos presentando lo que será, según dicen, el final de una saga a todo trapo: Plaga Zombie: Revolución Tóxica. Esta retrospectiva, en efecto y plan tributo, les merece. Gloria y loor a los FARSA Producciones. Por Hernán Panessi
El sentido del miedo Argentina, 2006 / 100´ Viernes 28 18hs El Propietario Argentina, 2008 / 80´ Miércoles 2 20hs
El horror se disfraza de erotismo enfermizo, la sangre se transforma en néctar sensual, los pensamientos perversos se convierten en tiernas canciones de cuna o, de pronto, tal vez, sea que Valetín Javier Diment, director, intérprete, guionista y montajista argentino, haya encontrado el postulado perfecto para volcar todo lo que el espectador avezado necesita para su fruición: sí, fundamentalmente sangre y sexo, combustible y motor de las pasiones. Así lo vimos en Beinase, aquella polémica miniserie proyectada durante el año 2006 en un canal de la ciudad, devenida en largometraje, donde se destaca una síntesis truculenta sobre aquel tipo que dice “venir de otra dimensión” y que mata, secuestra y tortura. Sus sentidos estarán intervenidos y los asesinatos podrían tener un porqué. El tema, aquí, es descubrir realmente cuál es su misión. Beinase juega con la oscuridad de la mente y se regodea en personajes tan excéntricos como excesivos. Porque ésa, en realidad, es su mayor verdad.
En El Propietario, telefilm hecho para -y nunca exhibido en- Canal 7 allá por el 2008, Diment se sumerge, aunque tangencialmente, en el tan poderoso como cuestionado mundillo del snuff, mediante una ficción que combina el thriller psicológico con el terror y el erotismo. Intenso y de fuerte impacto, el filme abre una serie de reflexiones, de lo más crudas, claro, en torno a las violaciones y su perverso vínculo con el amor.
Saltando de géneros, aunque sin perder en personalidad, Diment se abocó con Parapolicial Negro en un documental sobre la prehistoria de la triple A –Alianza Anticomunista Argentina, responsables de cientos de asesinatos contra guerrilleros y políticos de izquierda durante la década del ’70- chocándose de frente y sin concesiones con el policial negro –honor al hard-boiled y dádivas a la suciedad aquí propuestas-, cuya realidad supera a la ficción.
Lo que viene será La Memoria del Muerto, su película más grande hasta la fecha. Pero para ello, lo que falta aún es esperar a que los rituales surjan efecto ya que Jorge, el muerto del título, tardará al menos unos 49 días en volver a la vida. Por eso, mientras tanto, lo esperamos pacientes en las butacas del Rojo Sangre.
Esta retrospectiva a la filmografía de Javier Diment es una suerte de homenaje por sus años de persistencia en defensa del cine de género nacional. La revisión de sus películas servirá para marcar el pulso actual del terror nac & pop & gore. Es un cumplido. Por Hernán Panessi